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No creas todo lo que te cuentan sobre la comunicación no verbal

El lenguaje corporal acumula muchos más millones de años de evolución que la comunicación verbal, aunque ha sido esta última la que ha recibido históricamente toda la atención y estudio científico. No fue hasta la década de los 50, del pasado siglo XX, cuando se iniciaron las investigaciones sistemáticas sobre la conducta no verbal. Los hallazgos obtenidos desde entonces, a través de la evidencia empírica, son relativamente escasos. Sin embargo, resultan suficientes para descartar algunos mitos y falsas creencias, divulgados con el atractivo de lo esotérico pero sin el aval de la ciencia.
No siempre. La regla Mehrabian sobre los porcentajes de la comunicación que corresponden al aspecto verbal (7%), paraverbal (38%) y no verbal (55%), se refiere exclusivamente a las emociones contenidas en el mensaje, no a los datos. La generalización es un error ampliamente divulgado.

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Verbal
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Paraverbal
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No Verbal
Su valor es relativo, depende de la situación, y se incrementa cuando existe incongruencia entre las palabras y la forma de expresarlas. Ray Birdwhistell estableció que no más del 35% del significado social derivado de una conversación se transmite por las palabras aisladas.
Ni siquiera la palabra más precisa tiene siempre el mismo significado, dependerá del contexto en el que aparezca insertada y la forma de expresarla. Con la comunicación no verbal ocurre exactamente igual: cada expresión, postura o gesto, debe ser interpretado conjuntamente y en función de las circunstancias en las que se registra, como explica Mark L. Knapp.
Se puede conocer la personalidad, el ánimo y hasta el estado de salud, si sabemos observar correctamente. La forma de moverse, gesticular y expresarse, permite definir con un elevado grado de acierto macro rasgos de la personalidad como la extraversión, el neuroticismo o el psicoticismo.
No, pero ayuda mucho. De hecho, el análisis de la conducta no verbal puede resultar un complemento de utilidad en la elaboración de un perfil de personalidad, especialmente cuando no contamos con la colaboración del sujeto.
En las emociones ajenas y probablemente en las nuestras, como apuntó Tomkins en su teoría del feedback facial. Simplificándolo mucho, es algo así como que sonreímos porque estamos felices, pero la propia sonrisa genera felicidad en los demás y en nosotros mismos. (Prueba a reírte y sentirte triste al mismo tiempo, a ver qué ocurre).
No las que responden a las emociones básicas como la alegría, la sorpresa, la tristeza, el miedo, la ira, el asco y el desprecio. Estas emociones son genéticas y universales, se expresan facialmente de la misma manera en cualquier parte del mundo, incluso por los recién nacidos y las personas invidentes de nacimiento, que no han podido aprenderlas por imitación.
Con el conocimiento y entrenamiento adecuados, sí. Paul Ekman codificó los patrones de cada una de las emociones básicas mediante el FACS (Facial Action Codings System), que permite reconocerlas incluso cuando intentan ocultarse. Este conocimiento puede resultar de gran utilidad, desde el punto de vista adaptativo, social y motivacional que atribuimos a las emociones.
En absoluto. Los celos, como la vergüenza, es una emoción secundaria que no tiene un patrón expresivo universal. Aunque existen conductas asociadas a las emociones secundarias, estas varían en función de la cultura, el aprendizaje y las circunstancias, por lo que una identificación concluyente exige algo más que una simple imagen.
Por supuesto que sí, y se llama auténtica porque difícilmente puede imitarse. La descubrió el médico francés Guillaume Duchenne en el siglo XIX, al establecer mediante estímulos eléctricos las diferencias neurofisiológicas entre la sonrisa voluntaria y la espontánea. El secreto: las patas de gallo en los ojos. Hay que sospechar cuando no se producen.
No existe ningún indicador conductual que por sí solo pueda establecer a ciencia cierta la mentira. Sin embargo, el estudio del comportamiento no verbal, aplicado a una buena entrevista cognitiva y en combinación con las actuales técnicas de análisis de contenido, permiten a un investigador distinguir entre un discurso honesto y otro que no lo es.
No siempre. Cuando alguien aparta la vista también puede ser porque no quiere vernos o prefiere mirar a otro lado, las causas pueden ser muchas y muy diversas. Este es uno de los típicos mitos ampliamente divulgado sin fundamento científico alguno.
Tampoco. No todos los cruces de extremidades implican una postura de cierre. Depende de la forma de hacerlo y el contexto, incluso pueden existir condicionantes ambientales y fisiológicos.
Por supuesto, la forma de tocar a los demás puede indicar nuestra influencia y posición en la escala social, como estudiaron French y Raven en los años setenta. Estudios más recientes revelan incluso el poder de influenciar las conductas ajenas mediante el tacto, como en el caso de médicos y pacientes.
Por desgracia para quienes tenemos la voz aguda, sí. Algunos estudios apuntan que las voces graves, masculinas, pausadas y con un volumen moderado, tienden a disponer de mayor credibilidad y capacidad de persuasión.
Hasta cierto grado sí, y con muy buenos resultados en nuestra capacidad para interactuar con los demás. La clave más importante para el aprendizaje reside en el autofeedback: tomar consciencia de nuestra conducta.
Muchísima. Aprender a controlar nuestro comportamiento no verbal puede resultar de gran ayuda a la hora de realizar la mayor parte de las tareas cotidianas de nuestra vida privada y profesional.

  • Comunicar nuestra identidad
  • Comunicar nuestra capacidad de relacionarnos
  • Comunicar nuestros sentimientos y emociones
  • Influir en otros y en nosotros mismos
  • Lograr precisión y entendimiento
  • Dirigir la interacción
La proxémica es el término acuñado en el siglo XX por el antropólogo norteamericano Edward T. Hall, para designar las observaciones y teorías interrelacionadas del empleo que el hombre hace del espacio. Resulta un canal imprescindible en el estudio del comportamiento no verbal.

 

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