El truco para reconocerla: fíjate bien en el pliegue de la nariz

El asco es otra de las cinco emociones básicas de valencia negativa, junto a la tristeza, el miedo, la ira y el desprecio. No olvides que solo una de las emociones innatas y universales es positiva, la alegría; y otra es neutra, la sorpresa. Siete en total. El asco es una de las emociones más primarias y antiguas evolutivamente hablando. Está concebida para rechazar y apartarnos de aquello que nos resulta repugnante. Desde el punto de vista de la comunicación no verbal, detectar el asco con habilidad en su fase inicial, o cuando se intenta disimular, nos alerta del desagrado que siente nuestro interlocutor.

Las dos unidades de acción más características del asco son arrugar la nariz (AU9), y elevar el labio superior (AU10). Ambos movimientos musculares del pliegue nasolabial persiguen el mismo objetivo, cerrar nuestras fosas nasales, porque el asco está estrechamente vinculado al olfato, y el olfato directamente conectado a la parte más primitiva de nuestro cerebro, la amígdala.

El asco también puede provocar que las cejas bajen hacia la nariz, el popular ceño fruncido del que ya hemos hablado en otras ocasiones. Así mismo, los párpados pueden cerrarse y las mejillas elevarse, como si alguien estuviese aplastando verticalmente nuestra cara. Otra opción es que los labios aparezcan apretados o, por el contrario, la boca se abra. El asco puede incluso provocarnos arcadas, aunque llegados a ese punto ya no habrá dudas sobre su intensidad.

No olvides que existen hasta cinco niveles de intensidad para medir la activación emocional, según catalogó Paul Ekman en sus sistemas de codificación (FACS/EMFACS):

ABCDE
SutilLevePronunciadoSeveroMáximo

Como comentamos en anteriores artículos sobre las expresiones faciales, en los dos primeros niveles A y B el movimiento no siempre se aprecia con facilidad, debido a que la emoción puede estar empezando a producirse, puede ser de baja intensidad o estar atenuada intencionadamente.

A partir del tercer nivel, C, D y E, las arrugas y marcas se pronuncian mucho más en la piel, con lo cual la emoción resulta más evidente y fácil de identificar en el rostro.

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¿Qué hace que se disparen las emociones? ¿Es posible controlarlas? ¿Por qué unas veces somos más susceptibles que otras? ¿Por qué algunas personas saben enmascarar sus emociones y otras no pueden ocultarlas? Las emociones desempeñan un papel vital en nuestras relaciones con los demás y Paul Ekman nos invita a realizar un viaje fascinante a través de ellas: nos explica cuándo y por qué expresamos lo que sentimos, qué cambios se producen en el interior de nuestro cuerpo y qué señales emitimos a través del lenguaje de los gestos y de la voz.