La controvertida imagen de Pedro Sánchez en los incendios es el resultado de un cúmulo de errores de los que podemos aprender mucho.

Ha sido sin duda la foto de la semana en este julio tórrido que sufre España. Quizás llegue a foto del verano. Démosle tiempo. No es el posado en bikini de Ana Obregón en la Marbella de los 90, ni el baño de Fraga Iribarne en Palomares en los 60, pero en popularidad ahí anda. Y en memes, les gana de calle. Entre otras cosas, porque entonces no existían los memes. Ni la inquina ciudadana prendía tan fácilmente como ahora. Por eso hay que tener tanto cuidado hoy con estas cosas.

La fotografía del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en los incendios de Extremadura, pegó fuego a las redes a los pocos minutos de ser distribuida por la agencia EFE a sus abonados. Y perdón por el símil incendiario.

Enseguida surgió entre el público la recurrente duda del photoshop. Los incrédulos siempre llegan los primeros. Y casi en simultáneo, una ristra de hilarantes comentarios sobre el abultado bolsillo de los vaqueros del presidente y su paquete de medidas. Pareciera que Sánchez, como los toreros de antes, cargase a la derecha, pero no caeré en la broma fácil. Ni además es el tema.

Lo realmente desconcertante para la gente no tuvo nada que ver con eso, por muchas risas que haya generado el asunto. El origen del asombro ciudadano estuvo simplemente en la forzada postura y el artístico encuadre. La combinación de ambos elementos produjo el espejismo: Al ver la imagen da la impresión de que el presidente del Gobierno estuviese posando cual instagramer, aprovechando nada menos que la tragedia de los incendios forestales que ya se han cobrado varias vidas este año. Inconcebible, incluso en Sánchez. Tan inconcebible como incierto. Al menos en este caso.

La realidad nada tuvo que ver con la desafortunada fotografía, reencuadrada y descontextualizada inexplicablemente por la agencia oficial de noticias española. Porque lo cierto es que Sánchez no estaba posando cuando le hicieron la foto. Ni siquiera estaba solo, como nos hizo ver la agencia. Estaba en un segundo plano, detrás del presidente autonómico, Guillermo Fernández Vara, mientras este intervenía ante los medios de comunicación en una comparecencia conjunta.

Objetivamente, fue un cúmulo de errores de comunicación atribuible a más de un responsable. Errores como la elección del lugar para hacer las declaraciones, la colocación de los intervinientes o la postura y expresión facial del propio Sánchez. Además del bolígrafo, el móvil o lo que quiera que guardase en el bolsillo derecho de sus pantalones (siempre hay que vaciarlos antes de aparecer en público).

Aunque el peor de los desatinos fue el injustificable y absurdo encuadre publicitario editado por EFE, más propio del Vogue que de una agencia de noticias informando sobre un suceso tan trágico.

En cualquier caso, hechos como este nos sirven a quienes nos dedicamos a esto de la comunicación para entender y para aprender. Más allá de polémicas políticas y controversias partidistas –que no me interesan lo más mínimo-, la lección es muy sencilla: Siempre resulta mejor la naturalidad y espontaneidad de las fotos en acción, que la artificialidad de las imágenes posando.

Desde mi experiencia profesional como consultor, he llegado a la conclusión de que los políticos suelen quedar mejor en las fotos cuando no saben que los están fotografiando que cuando están pendientes del objetivo. Como nos ocurre a todos. O a la mayoría, que no somos modelos ni sabemos posar. Y en situaciones tan dramáticas como esta, mejor aparecer acompañado que solo, preferiblemente interactuando con los demás y escuchando más que hablando. (Fíjense qué diferencia entre la foto de la polémica y el resto de imágenes de la misma visita).

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Consultor de comunicación, experto en análisis y máster en Comportamiento No Verbal por la Universidad Camilo José Cela y la Fundación Universitaria Behavior & Law. Miembro de ACONVE y de la Asociación de la Prensa (FAPE-FIP). Fundador de analisisnoverbal.com.