La gesticulación ilustradora enriquece el discurso verbal, y transmite una imagen de credibilidad imprescindible para ejercer el liderazgo

Los gestos ilustradores pueden ser los mejores aliados a la hora de comunicar con efectividad y ejercer el liderazgo. Al contrario de lo que ocurre con los adaptadores  -de los que hablé en una entrada anterior-, los ilustradores enriquecen el discurso verbal y ayudan a dibujar los conceptos en el aire, facilitando a la audiencia su visualización. Sirven para enfatizar, remarcar, relacionar, vincular, señalar, impulsar… y sobre todo, establecen el ritmo de la intervención.

Los mejores gestos en la comunicación no verbal de un líder

Pero además, los gestos ilustradores no solo simplifican la comprensión del mensaje a quien escucha, sino que también aportan fluidez verbal a quien habla. Algunos estudios demuestran que mover las manos mientras hablamos nos permite encontrar con más facilidad las palabras, e incluso memorizar conceptos o hacer cálculos mentales.

Si quieres comprobarlo, intenta explicar cualquier cosa importante en público con tus brazos inmóviles pegados al cuerpo, y verás lo mal que lo pasas.

La lucha entre adaptadores e ilustradores

Mientras los adaptadores pueden transmitir inseguridad, los ilustradores pueden aportar credibilidad a quien los utiliza de forma natural. Los primeros suelen vincularse al nerviosismo, y los segundos a la elocuencia.

Un ejemplo muy gráfico lo encontramos en una intervención de la vicepresidenta del Gobierno de España, Soraya Sáez de Santamaría, que he analizado para ilustrar este artículo. Aunque se trata de una comunicadora competente -y la exposición que realiza no tiene mayor complejidad, por ser un tema positivo y que domina-, podemos ver desde un principio la lucha entre gestos adaptadores e ilustradores por hacerse con el control de la comunicación.

En unos 4 minutos que dura la exposición original, se contabilizan 9 adaptadores y 103 ilustradores, que acaban ganando la batalla después de casi un minuto y medio de pelea. Es curioso que a partir de ese momento -acelerado en el vídeo para facilitar su visionado-, los adaptadores desaparecen por completo hasta que termina de hablar, cuando se da la vuelta muy rápido, huye del micrófono y se toca el pelo con otro gesto adaptador.

Vale la pena observar el vídeo y reparar en los detalles expresivos de su cara, y fijarse en la evolución del discurso verbal y la gestualidad. No sabemos lo que pasaba por la cabeza de la vicepresidenta en ese momento o cuál era su auténtico estado emocional, pero su comportamiento no verbal revela una incomodidad incongruente con el contenido de su discurso verbal, que expresa correctamente y con claridad.

Como ocurre con el resto de la comunicación no verbal,  en los gestos ilustradores tampoco hay valores absolutos. Si se utilizan mal pueden afectar negativamente al discurso, especialmente cuando se usan de forma agresiva, los movimientos resultan violentos, o no acompasan a las palabras. En este sentido, es importante tener en cuenta que, por lo general, los ilustradores se disparan antes que las palabras a las que acompañan. De ahí que parezcan forzados o fingidos cuando el movimiento se inicia con retraso, una vez enunciado el término que ilustran.

Cuidado con los cambios

Al estar vinculados al lenguaje verbal, una buena parte de los gestos ilustradores se adquieren a temprana edad, durante el proceso de aprendizaje y perfeccionamiento del habla, por lo que acaban integrándose en nuestra personalidad.

De la misma manera que todos tenemos una forma de hablar característica y única, al madurar también desarrollamos una manera de gesticular propia. Por eso hay que tener mucho cuidado a la hora de corregir nuestros gestos ilustradores, y no pretender modificarlos de forma brusca o forzada.

Los cambios para mejorar nuestra gesticulación deben ser muy sutiles, tienen que introducirse de manera progresiva y entrenarse durante el tiempo necesario, hasta que se automaticen y funcionen de forma espontánea. De lo contrario, en lugar de añadir credibilidad a nuestras palabras, conseguiremos el efecto opuesto, porque si tenemos que pensar en el gesto antes de hacerlo la audiencia lo notará.

Si no contamos con la ayuda de un profesional, siempre será mucho más recomendable empezar por quitar los malos gestos que añadir directamente nuevos movimientos.

…y cuidado con las mentiras

Tengo ya muy escrito que no existe ningún indicador conductual capaz de revelar el engaño de manera infalible. Sin embargo, las últimas líneas de investigación sobre la conducta no verbal y la detección de la mentira, indagan en un hallazgo muy interesante sobre los gestos ilustradores: algunos estudios han descubierto que al mentir reducimos su utilización, e incluso podemos llegar a paralizarlos por completo.

Esta parálisis podría explicarse por la necesidad de concentrar nuestra atención y recursos cognitivos en la elaboración de la mentira, en su verbalización y en la evaluación del efecto que nuestro pretendido engaño produciría en los demás.

El problema es que la cantidad de gestos ilustradores también se reduce cuando estamos cansados, desmotivados, tristes o preocupados, o cuando no tenemos un papel dominante en la conversación. De ahí que deban ser estudiados siempre con cautela y por un analista cualificado, si queremos obtener inferencias válidas.

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César Toledo
Consultor de comunicación, experto en análisis y máster en Comportamiento No Verbal por la Universidad Camilo José Cela y la Fundación Universitaria Behavior & Law. Miembro de ACONVE y de la Asociación de la Prensa (FAPE-FIP). Fundador de analisisnoverbal.com.